6.5.13

Billetera mata artista

En Costa Rica bastante gente sabe de arte y subsidiariamente un poquito sobre fotografía. Lo que es más raro es que haya verdaderos conocedores de la fotografía que la entiendan y sepan enmarcarla dentro de la historia del arte con propiedad y logren vislumbrar que más allá del género está el asunto de la calidad artística. Ésto no tendría mucha relevancia si no fuera porque algunos de los primeros tienen gran poder de decisión en concursos y curadurías.   Eso ha incidido en que se haya privilegiado muchas veces una fotografía puramente conceptual, en ocasiones intervenida con mano pesada o que imita descaradamente corrientes y estilos en boga desde hace años en la escena internacional, pero con poco valor añadido. Esto se hace casi siempre en detrimento de otras formas fotográficas quizás no tan vanguardistas, pero sí más auténticas. De ese modo se ha llegado a distorsionar la percepción de cierto público con respeto a su diversidad, en particular se ha sepultando bajo una masa de formalismo e “inteligencia” la foto de índole humanista que está a la base de la fotografía callejera, la cual ha resultado su primera víctima. Y aún en los casos en los que no es así, se ha indultado únicamente la parte más superficial, complaciente y espectacular de la misma (que también existe). Pero lo más triste y paradójico es que parte de esos actores sean personas que integran el propio gremio fotográfico. No entiendo bien cómo ha ocurrido, pero éstos fotógrafos comulgan con las creencias de ciertos círculos artísticos y mercantiles que no habiendo jamás practicado la fotografía, muy poco entienden lo que está en juego en ella, y sin embargo pasan por muy avezados. Haciendo una paráfrasis de una conocida frase popular, mi sospecha es que aquí la billetera siempre se muestra criminal y por eso se puede también decir “billetera mata artista”. Y esto igualmente aplica, en cierto modo, para la fotografía, sobre todo en un mundo que ha hecho del espectáculo deslumbrante, enceguecedor y vacío su más importante religión y uno de sus mejores negocios.

2.5.13

Respaldo

Un país que no respalda a sus artistas podrá ser muy pujante en muchos aspectos pero será un país espiritualmente muerto, o por lo menos uno agónico. Y cuando digo artistas incluyo a artistas en todos los campos. En Costa Rica se le ha dado mucha importancia y visibilidad a ciertos nombres y también a ciertas ramas artísticas, pero otras como la fotografía y el cine están completamente “dejadas de la mano de dios”. Para muchos aquí la fotografía es un arte menor (en el mejor de los casos), pero claro, a la gente le gusta después ir a ver exposiciones como la de Francisco Coto que ha tenido la gran suerte de ser reconocido en vida por instituciones pero sobre todo por un amplio público (en buena medida gracias al enorme esfuerzo de su familia). Con otros fotógrafos no ha pasado y con muchos de la generación actual difícilmente ocurrirá, salvo en el caso de unos pocos que se han dedicado más a hacer hibridaciones con otras artes plásticas que a la fotografía pura.

26.4.13

Máquina de pintar expedito

 
Continuando con el tema del post trasanterior sobre la cámara analógica como una "artilugio de dibujo rápido", quisiera ahora redondear esa perspectiva con otra foto que me sugiere que la cámara puede ser también, por decirlo así, una "máquina de pintar expedito", ésto gracias al uso de la película en color. Como se ve en la foto inferior (recorte a 100%) el detalle fino está ausente de la imagen y los colores son de un suave pastel. Eso se debe en parte al uso del lente antiguo a su máxima apertura (f2) con un punto de foco que no está en el rostro de la modelo sino en su mano (en un plano bastante cercano) y en parte al rendido particular de la película fotográfica. Para los criterios con que se juzga la fotografía hoy en día desde una perspectiva puramente técnica, ésta es una foto deficiente, donde faltaría enfoque, detalle, saturación y quizás contraste. Pero para los criterios estéticos que yo aplico y que en mi trabajo suelen prevalecer sobre los de orden técnico, ésta es una foto con un carácter pictórico impresionista que me agrada mucho y no hay en ella esa dimensión hiperrealista a la que tanto aspira la foto digital y que para mi gusto se puede tornar molesta o inútil en multiples ocasiones. Pero juzguen ustedes mismos:
 



Cámara: Leica IIIF

Lente: Leitz Summitar 50mm tratado (1949)

Película: Kodak Portra 160

Revelado comercial

Escaneada directamente del negativo a 3200 ppi en escáner Epson V700

Tratamiento digital: Muy simple, apenas un poco de ajustes de contraste, luces y sombras. Por lo demás los retoques consisten en haberle quitado manualmente manchitas de polvo que han aparecido durante el escaneado y un rayón del negativo casi imperceptible por encontrarse en la zona oscura.

Modelo: Nicole Glenewinkel

Vestuario: Edwin Ramírez

Joyería: Veritá

Maquillaje: Willy Guadamuz

Locación: Studio Hotel

Foto tomada entre dos rondas de fotos durante una sesión profesional de foto de modas organizada y ejecutada por estimados colegas. Aclaro que de ningún modo ésta foto pretende pasar por foto de modas, siendo más bien el simple retrato de una modelo durante un tiempo muerto en su trabajo y ejecutado en un santiamén con una vieja máquina de pintar rápido :)

25.4.13

Mística

Desde el preciso momento en que introduzco mis manos en el saco negro estanco a la luz que uso para cargar a puro tacto mis rollos de película en las espirales del tanque de revelado, comienzo a sentir la extraña magia del film. Sé que sostengo entre mis dedos imágenes latentes que aún no han sido reveladas por la acción de los químicos, sin embargo ya ella han empezado a enviarme señales y a comunicarse conmigo. Es el principio de la experiencia mística del revelado…. ¡Sí claro, algunos fotógrafos análogos procuramos también ejercer nuestro trabajo con cierta mística!

23.4.13

Artilugio para dibujo rápido


Quisiera mostrarles algo en ésta foto, ya que es particularmente perceptible en ella. Muchas veces la gente me pone ojos cuadrados y una cara semejante a la que pondrían si estuvieran viendo algún bicho raro cuando les cuento que sigo trabajando con película para cierto tipo de fotos. Algunos incluso dejan escapar una sonrisa burlona y al ver algunas de las cámaras con que trabajo en esas ocasiones me han hecho comentarios irónicos tales como: “¿Esa cámara la trajo Cristobal Colón?”. Bueno, en la época de Colón aún no se inventaba la fotografía, pero ciertamente algunas de mis cámaras sí son bastante viejas. Ésta foto, por ejemplo, la hice con una cámara de 1936. Se trata de una cámara de medio formato que hace negativos de 6x4.5cm, aunque en éste caso le he hecho un recorte a la foto para darle una apariencia más panorámica semejante a la de un negativo de 35mm, cosa que convenía más a su particular composición. A la resolución que fue escaneado el negativo (2400 ppi, que no es ni siquiera la mitad de la resolución óptica que puedo obtener con mi escaner) ésta fotografía llega a medir del modo que está recortada alrededor de 56x37cm. Vista en pantalla de computadora al tamaño que la presento aquí, a decir verdad no se distingue mucho de cualquier foto digital y pierde bastante de su encanto (aunque sí conserva cierto “look” interesante típicamente analógico). Pero si yo la abro a partir de 50% o la imprimo a un tamaño que mantenga una apariencia equivalente, entonces obtengo algo que, en mi opinión, me hace ver claramente las hermosas bondades de trabajar la toma con película, aún si se digitaliza luego.

Algunas veces he dicho que la cámara es un instrumento que permite dibujar rápido y ahora pretendo explicar a qué me refiero concretamente y demostrarlo de una forma muy literal. Vean el siguiente recorte a 100% de la sección del rostro (hacer click en la foto para verla en detalle):
 
 

Si yo hago eso mismo con una foto digital tomada con una buena cámara, ciertamente obtengo una imagen de la cara y el cabello de apariencia bastante definida, caracterizada por un montón de detalle que no obtengo aquí y que podría calificar de hiperrealista, a tal punto que hasta los poros vería y también el más mínimo vello, así como cualquier manchita o imperfección de la piel. Pero en analógico no obtengo nada de eso (en particular con cámaras antiguas de buena calidad). ¿Es por ello necesariamente malo o de calidad inferior? Depende de cómo se mire o del objetivo que se tenga en mente, porque en éste caso obtengo a cambio algo nada desdeñable.... Algo que es muy similar a lo que obtendría un dibujante a lápiz: Un dibujo texturado con grano (no con ruido digital), trazado con luces y sombras. Es esa separación con la realidad a través de una reinterpretación no hiperrealista lo que a mí me resulta fascinante y poético en la foto analógica, ésto a nivel puramente técnico y sin entrar a considerar el tema o el tratamiento. Ciertamente la foto digital es en su técnica más versátil y definida para ciertos propósitos, pero si lo que quiero es éste particular rendido, entonces ya no me parece tan conveniente y prefiero por mucho lo analógico porque va directa y naturalmente hacia ello, es decir, no tengo necesidad de recurrir a procesos ulteriores para lograr algo medianamente equivalente, tal como ocurriría en digital al aplicar filtros y otros procesos. Personalmente me gusta tanto éste rendido “boceteado” que muchas veces soy yo quien se sorprende de que haya fotógrafos hoy en día que sean incapaces de apreciar ésta particularidad de la fotografía analógica y de encontrar en ella una valiosa función estética, la cual se puede también llevar al plano de la foto en colores con muy hermosos resultados. Y como es la impresión o el tiraje lo que me permite explotar esa función del mejor modo, es por esa razón que yo también pregono que la fotografía es mejor impresa (ojalá en tamaños de medianos a grandes), y también digo que lo que vemos en la pantalla de un computador o un celular es un mero referente artísticamente insuficiente, comparativamente hablando.

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Camara: Zeiss Super Ikonta 530A (de 1936)

Lente: Tessar 70mm + filtro naranja + parasol (indispensable por ser un lente sumamente propenso a flares)

Película en blanco y negro: Fuji Acros Neopan 100

Revelado casero con Ilford DD-X (1+5, 20°, 10', movimientos giratorios del tanque cada minuto durante diez segundos)

Escaneada directamente del negativo a 2400 ppi en escáner Epson V700

Tratamiento digital: Muy simple, apenas un poco de ajustes de contraste, luces y sombras. Por lo demás los retoques consisten en haberle quitado manualmente manchitas de polvo que han aparecido durante el escaneado y un rayón del negativo casi imperceptible por encontrarse en la zona oscura.

Modelo: Nicole Glenewinkel

Vestuario: Edwin Ramírez

Joyería: Veritá

Maquillaje: Willy Guadamuz

Locación: Studio Hotel

Foto tomada entre dos rondas de fotos durante una sesión profesional de foto de modas organizada y ejecutada por estimados colegas. Aclaro que de ningún modo ésta foto pretende pasar por foto de modas, siendo más bien el simple retrato de una modelo durante un tiempo muerto en su trabajo y ejecutado en un santiamén con un viejo artilugio para dibujar rápido :)
 

17.4.13

Importancia de la película fotográfica


En mi opinión la película importa de dos modos principales según las personas:

Para el fotógrafo comprometido que concibe su actividad como un arte y no solo como una mera actividad económica o un fácil pasatiempo dominguero, la película origina e induce una experiencia fotográfica muy diferente y altamente retributiva  a medida que va escalando la curva de aprendizaje y logra profundizar en el dominio de su técnica.  Además, la película brinda a la imagen una especificidad y una identidad muy concretas y tangibles… No se trata, como en el caso de la foto digital, de una mera virtualidad que reduce su esencia a una matriz numérica destinada, por lo general, a ser tratada únicamente de modo informático.  Si bien el uso de la película es exigente y quizás menos versátil, en compensación ella le devuelve al fotógrafo la posesión y el control de su imagen,  la cual es realmente física.  Hoy muchos fotógrafos digitales creen que controlan mejor la imagen, cuando en realidad están siendo controlados por las posibilidades de tal o cual software estandarizado que ilusoriamente los hace creer que se apropian de ella, pero que en el fondo lo que hace es  aplanar y banalizar sus resultados a partir de un mero simulacro virtual (el colmo de ésta engañifa es el famoso instagram, que rebaja y prostituye la fotografía a niveles patéticos).  Como consecuencia de ésta situación el sitio específico para trabajar la fotografía: el cuarto oscuro, desaparece o queda en entredicho, así como el conjunto de oficios que le son correspondientes.  Además, para quien quiera seguir trabajando con la tecnología analógica, se dificulta mucho la obtención de material fotoquímico en ciertos países (el mío, Costa Rica, es claro ejemplo de ello), porque se ha producido una profunda debacle del mercado.

Por otra parte, para el público informado y consciente que reconoce el estatus artístico de la fotografía, la película aporta una gran riqueza de resultados a través de la ampliación previa de la gama creativa y expresiva del fotógrafo y por tanto la experiencia de sentir, apreciar y ver obras fotográficas.  Lamentablemente en muchos casos, tanto las nuevas generaciones de fotógrafos como de público no están teniendo ningún acceso a ésta experiencia y de ese modo el enorme potencial de la fotografía analógica y la continuidad de su fructífera herencia, forjada a través de más de siglo y medio de continuas mejoras tecnológicas,  queda en situación realmente precaria.

Usar, apreciar y defender la película, implica sostener una lucha por la  verdadera fotodiversidad, lo que redunda en una ampliación de la esfera de prácticas artísticas relativas a la imagen.

27.1.13

Preparación

Se lo escuché hace un tiempo al retratista francés Pierre Gonnord: Decía que la foto es un instante… Pero que ese instante muchas veces suponía una gran preparación. Personalmente estoy muy de acuerdo y pienso además que esa preparación debe ser entendida en sentido amplio porque no se trata solo de la preparación de la foto en sí cuando se hace en estudio, sino también y sobre todo de la preparación del fotógrafo. Ese proceso es necesario incluso para lograr hacer una buena foto callejera, la cual alguna gente ve con ojos despectivos porque piensan que se trata de un tipo de foto azarosa y espontanea, menos trabajada. Y no es que el evento captado no lo sea, lo que pasa es que no se debe confundir con su captura y la forma en que se ejecuta que es lo propio del trabajo fotográfico. De ahí también que haya estilos reconocibles de hacer foto callejera. Yo diría incluso que a mayor preparación del fotógrafo, más claro es su estilo. Ya lo decía también Cartier Bresson: Él no reflexionaba mucho en el instante de hacer la foto, toda la reflexión venía antes… Muchísima reflexión. Es ahí donde reside buena parte del trabajo artístico en fotografía, porque el arte es una práctica, un vivir dentro de una actividad y por ella. Aunque suene raro decirlo, en fotografía es la vida del fotógrafo la que se convierte en obra de arte y se transparenta en sus obras. Que no se engañen entonces los que piensan que la fotografía es simplemente cosa de apretar un botón.


14.1.13

Revisión

Tener años de estar reflexionando sobre un tema no garantiza para nada que se le esté dando el enfoque correcto y uno podría mantenerse por décadas en el error y el autoengaño. Además, fácilmente también uno podría enredarse en sus propios mecates y llegar a contradecirse. Por eso es muy buena la confrontación, lo que lamentablemente aquí no ocurre mucho porque éste blog quizás resulte pesado y aleje a sus pocos visitantes, cosa que realmente puedo entender ya que los fotógrafos –el público que podría atraer- generalmente suelen rehuir el cuestionamiento y la reflexión y se quedan más con el aspecto técnico y lúdico de la fotografía. Para bien o para mal yo vengo de una generación y un medio donde nos enseñaron a emprender siempre una reflexión sobre el propio trabajo y ello seguramente me ha hecho frío y cerebral (en opinión de algunos). Quisiera que fuera diferente pero actualmente me parece difícil cambiar de estilo o enfocar los temas de un modo más interesante para la gente. Es que ni siquiera sé cómo hacerlo o si realmente vale la pena, porque yo hablo en primer lugar de lo que me interesa y del modo en que lo entiendo. Lo que lamento de ello es no estar recibiendo prácticamente ninguna retroalimentación porque eso me pone el proceso cuesta arriba. Pero no me rendiré, tengo muchísimo todavía escrito que solo encuentra expresión por ésta vía. Dichosamente en Facebook, donde repercuto las entradas, algunas personas sí se toman la molestia de vez en cuando de escribirme y me preguntan cosas, o incluso me hacen ver que no están de acuerdo. Eso es muy bueno. Así sucedió con la entrada pasada y ello me obligó a mirar un poco en el pasado y a darme cuenta de que quizás me estoy contradiciendo con algunas cosas que he dicho antes. Por ejemplo en éstas entradas:





Ahí he hablado de cómo la técnica no importa mucho, o bien de cómo hay imprecisiones o defectos técnicos que ayudan a los resultados expresivos. Es excelente ver esta inconsistencia tan claramente, pero pienso que podría ser aparente. Voy a explorar aquí el tema paso a paso, prácticamente en vivo, para ver si es así, ya que ciertamente mi trabajo de escritura no es sistematizado, sino que procedo por reacción o inspiración casuística. Algún día quizás trate de sistematizar todo, pero por el momento solo me dedico a escribir para tratar de aclararme a mí mismo temas y enfoques. Esta es una buena oportunidad para confrontar ambos puntos a primera vista contradictorios y ver si se puede resolver de algún modo ese conflicto.

La primera cosa que tengo que decir es que yo voy trabajando por aproximaciones sucesivas y me voy enfocando de forma más o menos parcial sobre ciertos puntos o temas que me parecen importantes. Cuando escribí esas entradas estaba muy centrado en lo que es la fotografía callejera y ciertamente con respecto a ella sigo pensando de forma similar. Sin embargo, hay otro tipo de fotografía como podría ser la paisajística que me está interesando bastante últimamente y donde no considero que ese enfoque sea el más adecuado y era sobre todo ella la que estaba teniendo en mente al momento de la escritura. Ciertamente me faltó un poco más de rigor para expresar claramente ese aspecto porque me parecía que se sobreentendía, porque el ejemplo que cité y los videos que escogí para ilustrarlo se referían a la fotografía de paisaje donde el asunto de los formatos y la calidad definitivamente me parecen jugar un rol determinante.

Por último me parece necesario también aclarar otro supuesto que tenía en mente y es que yo me estoy refiriendo sobre todo al asunto de la técnica visto desde el punto de vista de quien realiza la fotografía, no desde la posición de quien la mira. Para éste último, la diferencia entre distintas versiones de la misma foto no puede quedar muy clara porque no tiene al lado, para comparar, lo que sería esa fotografía ejecutada en tal o tal formato. Así que ese espectador va básicamente a percibir una imagen y tomarla por lo que es, no por lo que podría ser. Me parece que un fotógrafo serio definitivamente tiene que plantearse el asunto de los formatos y tratar de imaginar, de forma previa a la ejecución, lo que serían sus fotos ejecutadas con cada uno de ellos. El fotógrafo siempre debe tratar de aspirar a la máxima calidad o al menos a una que exprese la mejor adecuación posible entre técnica y tema.

5.10.12

Del material y los procesos

A pesar de todo lo que he leído y oído de gentes que dicen que la cámara y la técnica no importan mucho en fotografía, yo me convenzo cada vez más que eso no es cierto y hoy más que nunca creo y defiendo que el material y los procesos usados sí importan y mucho. Hacer fotografía no es hacer imágenes por hacer imágenes porque entonces sería igual capturar una foto con un celular que con una cámara de formato completo.  Hacer fotografía es hacer imágenes de cierta forma (medios) y con ciertos procesos.  Estos tienen mucho peso y pueden realmente significar la diferencia entre el hecho de que una imagen sea percibida como ordinaria o como una verdadera obra de arte.  Un ejemplo:  Haga una foto con un celular, aplíquele un filtrillo de Instagram e imprímala digitalmente en su impresora casera.  Por mejores que sean la luz, la composición, la impresora casera y la cámara del celular mismo, así como la pertinencia del efecto, posiblemente su foto será percibida como una banal foto de atardecer.  Haga esa misma foto con una Nikon D800, (al momento quizás la mejor cámara digital “full frame”), trabaje el RAW en un buen programa y con buen criterio artístico e imprímala en una Epson 9980 con tintas ultrachrome y bueno, será magnífica su foto y posiblemente termine enmarcada y colgada en el salón de algún amigo cuando se la regale para su cumpleaños.  Ahora hágala con una cámara de formato medio o aún mejor: de formato completo (archivos de una resolución de al menos 300 megapíxeles una vez digitalizados), use diversos filtros ópticos para controlar la luz perfectamente al momento de la toma, saque un negativo digital de 120x80cm y luego e imprima una copia positiva con un proceso manual de platino-paladio (bellísimos resultados, pero carísimo aunque asegura que su copia durará por lo menos 3000 años) y puede esperar que sea vista de un modo muy diferente, abriendo sus posibilidades de que sea comprada por un coleccionista en el exigente mercado internacional del arte o incluso de que termine en un museo.  Volvamos a la foto, es simplemente un atardecer.  Ahora haga una foto de momento decisivo con alta resonancia temática o exprímase el cerebro con un concepto verdaderamente interesante.  Todo esto que he dicho se multiplicará al cubo a cada nivel de la escala. Es claro, sin embargo, que hay fotos que difìcilmente se podrían lograr con ciertos medios, por ejemplo una foto callejera con una cámara de campo de 8x10.  Además, quiero puntualizar que no estoy diciendo para nada que la foto deba hacerse solo para satisfacer un exigente público en el mercado del arte, no, lo que es importante es el profundo impacto que puedan tener sus imágenes en cualquier público y para mi es bastante evidente que ese impacto está directamente relacionado no solo con lo que ha decidido fotografiar, sino también y sobre todo con la técnica y el material utilizado para ello.
Para ilustrar lo que digo:  Imaginemos lo que sería un paisaje de Clyde Butcher tomado con una cámara de calidad media y ahora veamos los resultados que él obtiene:


Perdón, pero la cámara y los procesos sí importan, como importa también el contenido de su imagen que puede estar dictado por principios poéticos, documentales, conceptuales, etc.  Si usted es un fotógrafo comprometido y quiere progresar en su arte busque siempre la mayor calidad y trate de hacer entender a la gente dónde está esa calidad.

25.9.12

Masificación

Con la dominación digital lo que hemos visto no es tanto la democratización de la fotografía (que la hay y no se puede negar), sino sobre todo su masificación mediante productos que duran cada vez menos, pero que antes de descomponerse o ser obsoletos han servido para producir una verdadera avalancha de imágenes sin ningún sello personal. Hoy es común ver legiones de personas con la misma cámara, haciendo el mismo tipo de foto de acuerdo a la misma estética, ésta muchas veces formateada por medio de programas de maquillaje tales como Instagram, programas que evidentemente no responden a ninguna intención expresiva personal, sino a un mero formalismo manierista y kitsh. De ahí también que hoy prosperen a nivel mundial esos “photowalks” donde hordas organizadas de fotógrafos descienden por calles y avenidas arrollando con sus lentes todo lo que se les ponga al frente y que suele ser lo mismo.

Quizás en reacción a ello hemos entrado en una aún más peligrosa pendiente donde lo que es funcional se conjuga con lo que es lujoso, extravagante y se pretende singular, a un punto tal que lo lujoso llega incluso a primar sobre lo funcional y eso sobre todo en marcas que tradicionalmente se habían distinguido por ser austeros fabricantes de instrumental fotográfico de la más alta calidad, tales como Leica o Hasselblad. Y no es que no sigan fabricando instrumentos maravillosos (en algunos casos), lo que pasa es que hoy más que nunca la ecuación se ha invertido y ya éstos aparatos no valen tanto por sus características como herramientas, sino como objetos de lujo que se exhiben con la función de extraer de la corriente masificadora a quien los lleva al cuello o los pone en vitrinas con temperatura y humedad regulada utilizando guantes de seda blanca. Hacer fotografías con ellos ha pasado a un segundo plano y en algunos casos jamás un instrumento de éstos llega a servir para lo que se suponía que había sido construido, sino más bien como un objeto que se compra con propósitos especulativos al subastarse luego por diez veces el costo inicial. Es así como vemos ediciones de lujo Hermes por Leica y Ferrari por Hasselblad; vemos cámaras hechas por reconocidos diseñadores de automóviles que se venden tan caro como si fueran lujosos coches, o vemos nuevos ricos chinos comprando máquinas fotográficas bañadas en oro a la gloria de la revolución del pueblo. Hemos entrado en un mundo donde lo que importa no es ser un fotógrafo de calidad exigente con el material que utiliza, o por lo menos uno de quien se admire su trabajo, sino básicamente un millonario al que le gustan las cámaras o bien un yuppi oportunista y especulador que se sirve de ellas para enriquecerse. Bienvenidos pues al nuevo comuno-capitalismo digital y kitch que se apoderó de la fotografía.

11.9.12

Límites a la democratización

Lo que se democratiza -relativamente- con el acceso a los instrumentos digitales es cierta práctica de la fotografía, no la excelencia de su ejecución ni el reconocimiento del talento, porque ésto solo se alcanza con trabajo muy arduo e inspirado, lo cual no responde a ningún criterio democratizador, a pesar de que ciertamente hoy haya más oportunidades para hacer y mostrar nuestras obras. 

6.9.12

El clavo

¿Qué sabe la gente? A veces cada foto es un reto y cada momento un enigma.  Se hace la foto, la gente la ve y les parece sin importancia... Nada... Aire... Como si fuera transparente. Y quizás lo sea, salvo que olvidan algo:  El reto fue ganado y el enigma resuelto porque de alguna manera se dio en el clavo.